Hijos

Llega un momento en la vida en el cual uno cree haber cumplido con la mayor parte de lo establecido.
Uno se da cuenta, que los tiempos pasados, aunque a veces tormentosos, nos hacían sentir más llenos de vida, los desafíos, por difíciles que fueran eran el motor para construir y apostar a proyectos increíbles.
Como todo, llega un momento donde la curva empieza a bajar. Necesitamos descansar más en nuestros logros, sentarse frente al fuego a rememorar con asombro todos los momentos en que hicimos frente a empresas gigantescas…
A veces ganamos… a veces no.
Pero todos esos instantes nos dejaron recuerdos maravillos e imborrables.
Cuando los hijos ya se fueron, y uno comenzó a bajar en esta curva, a veces nostálgicos de aquellos tiempos, nos ponemos a contar los días entre una visita y la otra de algunos de ellos.
Pensamos que cuando estén en casa volverán aquellos tiempos..
Compramos galletitas de chocolate, volvemos ensayar recetas de comida olvidadas. Pensamos, que de alguna manera, siguen siendo nuestros niños. Aquellos que nos necesitaban para vivir, de quienes fuimos sus héroes alguna que otra vez.
Irrumpen en la casa como un tornado y todo se transforma. Hay risas, recuerdos flotando en el aire, nos volvemos a sentir jóvenes y una salida a comer todos juntos se vuelve el mejor programa.
Con los días, aparece cierta calma, la cotidianeidad de hace años atrás vuelve, pero transformada.
Nos tomamos el tiempo, entre mimo y mimo, para escucharlos, para observarlos, para admirarlos.
Y vemos que detrás de esos ojos de niños hay dos grandes hombres.
Tratamos encontrar el momento exacto en que está transformación sucedió.
Cuál fue el instante? En que circunstancia? Cuando crecieron de semejante manera?
Los niños que fueron están ahí dentro, lo sé.
Pero sé también que supieron crear con las herramientas que pudimos darles, dos adultos amorosos, bondadosos, con valores mejores a los nuestros.

Seres atrevidos que se animaron a construir un futuro lejos de nosotros y que con total desparpajo nos dicen lo que “debemos” hacer.
Es entonces que nos damos cuenta que estamos ante un igual. Que se dan el lujo de opinar de nuestra vida como nosotros lo hicimos de la suya.
Mágico momento en la vida.
Absolutamente imposible de explicar en palabras.
Entonces se vuelven a ir.
Nos queda una tristeza enorme. Porque, inevitablemente la melancolía nos gana.
Con los días irá pasando.
Y volveremos a nuestra vida común.
Retomando esos proyectos, en su momento postergados y que ha vuelto a tomar vida.
Y entonces nos damos cuenta porqué, a pesar de la tristeza ellos vuelven a nuestra vida a visitarnos.
Vienen a decirnos que aún estamos vivos.
A infundirnos su energía.
A contagiarnos su alegría.
A compartir su felicidad.
A hacernos saber un abrazo de ellos vale por todas las batallas libradas.
Y esta vez, al marcharse me abrazaron dos hombres. Tan grandes que mi cabeza se apoyó en su pecho.
Y fueron ellos, está vez los que me contuvieron. Los que me dijeron al oído “todo va a estar bien. Cuidate”
Gracias hijos.
Por las cenas en familia.
Por valorar mi arte.
Por las “Titas” compartidas.
Por las charlas profundas.
Por las lecciones de inglés.
Por las películas en el sillón.
Por la compañía maravillosa.
Por hacerme la mamá más orgullosa del mundo.
Los veo desde lejos.
Los abrazo a la distancia.
Los llevo en mi corazón.
Nos vemos pronto….

18/08/2018

Publicado por sandramorenaruiz

Actriz en formación constante. Fotógrafa en crecimiento. Escritora de vivencias. Cincuenta y tantos y contando...

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: