Balance

Salir de casa por la mañana puede convertirse en una pequeña odisea.
Llaves de casa, de la camioneta, fruta para media mañana, agua, papeles, computadora, algún abrigo… notas mentales, la cabeza llena de pendientes.
Así es como me siento saliendo de 2019. Haciendo malabares. Con las manos llenas de cosas, olvidando otras, en un caos que apenas entiendo y que voy manejando en la medida de mis posibilidades.
Este año hacer un balance se me hace una tarea imposible. Tantas cosas, de diferente índole, tantos pequeñas batallas, ganadas perdidas y abandonadas. Imposible diferenciar que fue bueno o que fue malo. Que fue lo que me permitió crecer y qué no.
Sólo una lista.
Este año: dejé un trabajo, choque, recorrí rutas, hice teatro, aprendí del ocio, tomé sol, me metí en el mar, usé un sombrero.
Practiqué yoga, volví a esquiar, aprendí un poco más de Inglés y abandoné, escribí un poco, cuidé mis plantas, vi nevar e hice un muñeco, soplé una vela, compré sillones.
Visité aeropuertos, volé, despedí amores, abracé a mis hijos, hablé con mi madre, reí con mi hermana, descubrí una cuñada, jugué con mis sobrinos
Lloré, e hice una huerta. Me despedí, renuncié a la fuerza, me enojé, maldije a los gritos. Insulte, me arrepentí, lloré. Sonreí recordando, y proyecté no olvidando.
Lloré. Y también reí. Reí despacito y a las carcajadas. Reí de nervios y de alegría. Y de vergüenza. A solas y con amigos. Con familia. Reí por nada.
Y en respuesta a esto, me devolvieron siempre.
Me acompañaron, y me soltaron.
Me despreciaron, me traicionaron, me abandonaron.
Me visitaron, me hicieron una torta. Me dieron sorpresas y me regalaron.
Me escucharon, me miraron, me consolaron y me abrazaron.
Perdí amigos. Perdí familia. Encontré amigos, gané una nieta.
Me agradecieron y me alentaron.
Me sentí amada y valorada. Humillada. Olvidada.
Este año amé. Odié y perdoné.
Luché contra todo, contra mí y contra nada.
Senti orgullo y sentí vergüenza.
Senti dolor. Senti placer. Senti alegría.
Este año, como en la vida, fui feliz y desdichada. No hay balance.
Este año fui abrazada. Por mi amor, por mis hijos, por los amigos y la familia.

 Fui abrazada por el tiempo. Y por la vida.
Este año viví. Y estoy de pie. Medio rotosa, con polvo del camino, con las manos ásperas y los ojos llenos. La carne flácida, los huesos más frágiles, alguna que otra cana y muchas más arrugas.
Acá estoy, con la experiencia en el alma y el corazón lleno de sueños. Anhelando la sorpresa y abrazando mi caja de buenos recuerdos. Con mis zapatos de andar y mi mochila llena proyectos.
Esta vez no espero el año nuevo. Salgo a su encuentro, como cada día. Como cada vez. Como cada vida.
Con los pies cansados, la mente abierta y el corazón despierto, haciendo malabares, así como puedo, como sale, como siento. Este año avanzo otra vez, tozuda y caprichosa, por lo que quedó pendiente. Sabiendo que el camino me espera, pero yo, conservo el mapa de mi destino.
Este año como siempre, como se, como aprendo y como puedo, vivo (de nuevo)
GRACIAS…

01/01/2020

Publicado por sandramorenaruiz

Actriz en formación constante. Fotógrafa en crecimiento. Escritora de vivencias. Cincuenta y tantos y contando...

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