Poda

A veces simplemente se trata de sacar la cabeza del agujero y salir a ver.
O de volver al origen, al comienzo.
Donde todo era con más sosiego, sin el apremio de lo necesario. Donde el camino y su proceso eran el fin mismo.
Se trata de quedarnos con lo importante, lo que (nos) trasciende. Lo que nos hace sonreír el alma, y nos conmueve hasta los huesos.
Se trata de recordarnos en esos lugares, y ver, a través de lo recorrido, que la simpleza era el sentido. Que todo nacía de un simple acto de amor, y luego crecía.
Se trata de hacer un acto de valentía y reconocer que nos desviamos.
Y en ese mismo acto asumir el compromiso de volver al principio y, una vez más, preguntarnos de que se trata.
Se trata de despojarnos, de arrancarnos lo viejo. De dejar solo el abono.
Como mis rosales y su primera poda:
Cortar ramas secas, quitar flores marchitas, con la voz sabia de alguien guiándonos y animándonos a hacerlo.
Y quedarse con la triste imagen de tres ramitas pequeñas saliendo de la tierra, y la esperanza en el pecho de que, en poco tiempo crecerá y dará nuevos brotes.
Puede que suceda. Puede que no.
Pero sin ese despojo el crecimiento hubiera sido vicio.
Como nosotros. Que nos llenamos de follajes, para distraernos, para ocuparnos.
Porque una cosa lleva a la otra, y al final nos damos cuenta que no encontramos lo verdadero, el alimento…
Y nos falta el aire, y no tenemos agua y entonces entendemos que llego el momento de podarse. Porque ya no hay más remedio.
Y no es fácil sentirse frágil, como tres ramitas saliendo de la tierra.
Y no es fácil saberse expuesto.
Y es doloroso encontrarse solo.
Sin embargo, algo, en algún instante, nos viene a reafirmar aquello que en el la profundidad ya estábamos sabiendo:
Que no hay que distraerse, que no hay que desviarse, que la vida es lisa y llanamente un sinsentido. Y cómo tal, cuando le encontramos explicación, pierde su esencia, apaga su belleza y nos priva de lo mágico de la única certeza que nos puede dar: la soledad de nuestras almas.
Y allí parados, ante la desoladora fragilidad de tres ramitas, sólo queda empezar el camino, Porque así solamente podremos volver a ser rama, a dar flor.
Y si hacemos las cosas bien, cada poda, cada ciclo, hará que aprendamos por el simple hecho de disfrutar. Si la necesidad de poseer, de guardar, de mantener…
Y si hacemos las cosas mal… bueno, siempre habrá un lugar para una nueva historia!
Un recinto y dos actores.
Un momento para escribir.
Una charla con un amigo
La lluvia afuera y la libertad de los pies desnudos.
El amor.
Volver al origen.
Al sinsentido que construye.
A la austeridad de lo imprescindible.
A una idea.
A un lugar en el alma.
A “ese” lugar en el alma.
A nosotros mismos, para podernos dar a los demás.
Ojalá esta poda traiga bellas flores.
Ojalá… como cada día, como cada vez.

16/09/2019

Publicado por sandramorenaruiz

Actriz en formación constante. Fotógrafa en crecimiento. Escritora de vivencias. Cincuenta y tantos y contando...

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